Como en cualquier país del llamado Tercer Mundo, uno de los principales problemas de su sociedad es la situación de los niños.

Son varios los acuciantes problemas que los más pequeños sufren a diario:

La pobreza como tal

En Uganda, más de un tercio de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Definir el umbral de pobreza no es cosa fácil, ya que varía con relación a dónde te encuentres y a qué regla de medir se utilice.

En África, una medida habitual es la delimitada por la ingesta mínima de calorías que un cuerpo necesita para no entrar en deterioro prematuro. Es la llamada pobreza absoluta y estima que el consumo medio necesario para sostener un cuerpo humano está entre 2.000 y 2.500 calorías. Si medimos así la situación de los niños ugandeses, podrían ser bastante más de un tercio de su población.

Asimismo, otra forma de medir es por la renta media mensual de una familia, siendo considerada pobreza extrema la que vive con menos de 1$ al día, y pobreza moderada (permítanme que me sonroje) la que vive con entre 1 y 2$ diarios.

Si echamos una mirada a los niños ugandeses, son muchos los que se mueren de hambre en el campo (o fuera de las ciudades) y muchos los padres que deciden enviarles a la ciudad en busca de una vida mejor, encontrando por lo general un triste final, viviendo en la calle y sin nada que alimentarse.

La educación

Este es un país en que el derecho a la educación es asunto exclusivo de la clase alta.  Los costes anuales para la escolarización de un niño son ridículamente elevados (unos 5 meses de salario de un trabajador normal) y es por tanto imposible que éstos puedan recibir una mínima educación que les permita vislumbrar un futuro digno.

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Salud

Un dato comparativo aporta una visión clara de la situación de los niños en este país: la tasa de mortalidad infantil en Uganda es de 67 niños por cada 1.000. En España, de 3 por cada 1.000.

Las enfermedades virales, de todos tipos y gravedades, derivadas de una nula higiene y estructura social médica, asolan Uganda día tras día. El virus del sida se expande por todo el país y mata a miles de  personas cada año. Personas que practican sexo sin precaución alguna, madres abandonadas con una media de 6 hijos, violencia de género, alcoholismo y otras muchas lacras hacen de la niñez una pesadilla que, en muchos casos, tiene pronto fin.

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 El matrimonio infantil

El 46% de los niños ugandeses se casan antes de los 18 años. En algunas zonas, la media de pareja recién casada es de 12 años. Esto, obviamente, contrae serios problemas sociales, ya que nos encontramos con una sociedad que “avanza” a través de la vida de lo que aun son niños no acabados de desarrollar física, emocional o físicamente, en muchos casos sin familia (muertos por el sida, el hambre o simplemente en alguno de los innumerables conflictos internos que, cada cierto tiempo, aparecen como un viento de muerte).

Y es por esto –y por los niños soldados, las niñas violadas por sistema, los niños trabajadores, los más de 10.000 niños callejeros, entre otros muchos asuntos- que queremos ayudar.

No es mucho, no vamos a salvar al país de sus llamas internas. Pero al menos, eso sí, ayudaremos a nuestros niños que, por pocos que sean (o muchos, depende de cómo quieran verlo), SON. Son personas. Nacieron en un lugar y morirán en ese lugar. Que lo hagan un poco más dignamente es por lo que luchamos.

Ayúdanos a cuidarles. Todo suma, todo vale, todo cuenta.

Alejandro.-

La pregunta que todo el mundo te hace cuando vuelves de África es ¿Te ha cambiado la vida? pues la respuesta es No pero con matices.  Una vez has vivido la experiencia de África en tu vida siempre habrá ya un antes y un después.  Al volver, tu vida continúa como la dejaste, tu familia, tus amigos, tu trabajo, todo lo que te rodea sigue igual y te incorporas a tu ritmo trepidante inmediatamente.

Lo que realmente te aporta la experiencia es que dedicas algunos momentos de tu vida a reflexionar y  a valorar muchas cosas que antes ni las pensabas,   te ayuda a disfrutar de las pequeñas cosas… los niños de Babies Uganda saben de lo que hablo.

La felicidad interna no viene de las cosas materiales, no importa si viajas en primera clase o en económica, te das cuenta que escuchar reír a tu familia o a tus amigos eso es verdadera felicidad.

Nuestros niños de la Babies Home saben perfectamente como valorar las pequeñas cosas, con cualquier objeto hacen el mejor de los juegos, algo tan insignificante y tan pequeño les hace inmensamente felices.

Ellos valoran tanto un abrazo, una sonrisa, ir a la playa, un lacasito. Todavía recuerdo cuando estando allí en el orfanato con los niños como sonreían  al recibir cualquier cosa, imaginad simplemente lo que supuso una simple bolsa de El Corte Inglés, organizaron un juego de inmediato y disfrutaron muchísimo.


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Tenemos que educar a nuestros hijos no para ser ricos sino para ser felices, que vean el valor de las cosas y no su precio.

Esta es una de las muchas reflexiones que te traes de allí,  los niños de Babies Uganda son un ejemplo claro de valorar las cosas pequeñas que son al final las que más felices te hacen. El olor después de llover, un libro que no puedes dejar de leer, sentirte amado, tu canción favorita, un pastel de chocolate, un abrazo de tu amiga,  ver el amanecer y anochecer del mismo día, un paseo por el campo, un mensaje esperado, ver una buena película, bañarte en el mar, un vino con amigas,  fuego en la chimenea, un beso, recibir los buenos días de tu mascota y así podría nombrar muchas pequeñas cosas que empiezas a ver con otros ojos. Desde Babies Uganda queremos ayudar a los niños del orfanato a que sueñen con un futuro digno y que tengan posibilidad de ser felices.

Os animo que hagáis siempre todo lo que os haga feliz y a soñar mucho, porque si se sueña será real.

LuchiGalán.-